GN Streaming Media Player

Descarga Biblia

e-Sword Home

“Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.” Juan 3:3 (Nueva Traducción Viviente)

Recientemente volví a ser tío, pero esta vez de una princesita, la pequeña Raquel cuyo nombre significa “Ovejita de Dios”. Había estado cerca de recién nacidos pero esta vez fue diferente. De ella emanaba paz y vida. Se podía tocar la presencia y pureza de Dios a su alrededor. La pequeña llegó al mundo con una cuenta en blanco, sin mancha ni pecado porque de los niños es el reino de los cielos (Mateo 18:3). Como si se acabara de abrir un regalo, ella era radiante. Dios le entregó el regalo de una nueva vida. Mi hermano no podía dejar de admirar su belleza y pureza, jamás lo había visto tan contento.

Esto me llevó a recordar la enseñanza del Maestro a un hombre judío llamado Nicodemo al cual se le dijo que a menos que naciera de nuevo no podría ver el reino de Dios. Ante el asombro y desconcierto de Nicodemo Jesús le explica al hombre que no es necesario volver al vientre de una madre para obtener una nueva vida, sino que se obtiene por medio del agua y del Espíritu (Juan 3:6). Que en este caso la obtención de la nueva vida por medio del agua y del Espíritu Jesús la resume unos cuantos versículos después en el regalo de la Cruz (Juan 3:16). De esta manera todo aquel que crea en Jesús como Señor y Salvador nacerá de nuevo y tendrá vida eterna.

Cuando una persona se convierte a Dios aceptando a Jesús en su corazón es algo similar a cuando un padre toma en sus brazos un recién nacido. Dios se deleita con el olor fragante a Cristo en un nuevo ser. Así como la bebé de mi hermano obtuvo su nuevo comienzo en la vida sin mancha y en pureza, el creyente ante Dios tiene la misma posición.


“Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado!” 2 Corintios 5:17 (Nueva Traducción Viviente)

Querido hermano/a en Cristo, si tú has aceptado a Jesús en tu corazón entonces has nacido de nuevo y eres sin mancha ni culpa ante Dios (Efesios 1:36). Jamás debes permitir que la culpa se acerque a tu alma que hoy es sin mancha ante Dios. Sin importar qué pecados aunque fueran incontables, si has aceptado a Jesús en tu corazón y por ende lavado con la sangre de Su perfecto sacrificio, entonces tus pecados se han esfumado como la neblina ante Dios. Tan lejos como el este está del oeste están separados de ti tus pecados.

“He disipado tus pecados como una nube y tus ofensas como la niebla de la mañana. Vuelve a mí, porque yo pagué el precio para ponerte en libertad».” Isaías 44:22 (Nueva Traducción Viviente).

Sin importar qué pienses de ti, lo que diga la gente que te pueda acusar por tu pasado, las muchas personas que lastimaste, el enemigo que está derrotado y solo habla mentiras, si tú has aceptado a Jesús en tu corazón entonces has nacido de nuevo y eres puro y sin mancha ante Dios.

Vive tu nueva vida sin culpas que arrastrar. Desde el momento que fuiste salvo Dios ya no mira tus pecados ni culpas, éstos fueron disipados como la niebla. Créelo así.

Si has tenido culpa por pecados y tu pasado que Dios ya perdonó, haz conmigo esta oración:

“Padre, te pido perdón por haber mantenido en mi corazón culpa que no me pertenece. Por favor pon en mí la convicción de solo presentarme ante ti con el regalo de la justicia de tu Hijo Jesucristo. Renueva mi entendimiento respecto a lo que no puedo cambiar, quita ese peso de mí. Renuncio a tratar de pagar lo que recibí por gracia. Te pido que bendigas a todo aquel al que le hice daño pero por prudencia no puedo acercarme a ellos. Derrama de tu salvación y plenitud en sus vidas. Acepto hoy tu voluntad de esforzarme a avanzar hacia delante en la nueva vida que me has dado. Permíteme palpar la pureza y santidad con la que tu me vez. Oro esto en el nombre de Jesús, Amén.”

Gózate en libertad con el milagro de la nueva vida que recibiste.